
Encontró una fila de hormigas, que solían ocultar maíz y decidió seguirlas.
Caminó y caminó tras de ellas, hasta que rendido por el cansancio, se durmió.
Entonces las hormigas se aprovecharon y se comieron toda su ropa.
Al despertar y verse desnudo y hambriento, el muchacho cayó en sentidas lamentaciones hasta que un pájaro se posó ea una rama cercana. Cogió su arco y apuntó su flecha, pero el pájaro le habló y le dijo que no osara matarlo, puesto que era la Madre del Maíz, y estaba dispuesto a guiarlo hasta donde había maíz en abundancia.

Fueron hasta la Casa de Maíz, y el muchacho conoció a la las hijas de la Madre del Maíz, con una de las cuales, Mazorca Azul, se casó y regresó a su pueblo. Como no tenían casa, el muchacho y su bella y dulce esposa durmieron en los lugares del culto.
Como un milagro, el lugar de los recién casados amanecía todo lleno de mazorcas de maíz, que Mazorca Azul repartía generosamente a quien quisiera pedirle, mientras enseñaba cómo preparar las comidas, cómo sembrar y cómo cuidar de la siembra del maíz.
Cuentan que a tanto llegó la generosidad de Mazorca Azul que, después de enseñar todo lo que sabía acerca del maíz, se molió a sí misma para que su hermoso cuerpo sirviera también de alimento.