28.3.09

Un Pingüino Perdido en la Fría Antártida


Había una vez un pingüino llamado Pablo. Él era muy juguetón y vivía con sus papás.
Tenía muy buenos amigos: José, Santiago y Agustín. Los cuatro eran muy unidos e inseparables compañeros de aventuras.
Un día se despertó como de costumbre y escuchó que todos los pingüinos estaban corriendo hacia el mar.
-Pablo, despertate! Eh, eh!-lo apuró su mamá.
-¿Qué pasa má?- le contestó medio dormido.

-Levantate y Anda hacia donde está papá, yo voy detrás tuyo.
-Pero decime, ¿qué está pasando?
-Una fuerte tormenta viene.
-¿Papá, adónde nos vamos?- le preguntó curioso.
-Nos vamos a la Antártida.
-Pero... allí hace mucho más frío que aquí y no tengo amigos...
-Estaremos por unos días, hasta que pase la tormenta.
-¿No será peligroso?
-Espero que no... pero no te preocupes.- lo tranquilizó su padre.
En su largo viaje de viento, neblina y frío, los pingüinos iban juntos. Pero en un momento de descuido... una gran ola separó a Pablo de su familia. Desesperado, estuvo a punto de ahogarse porque sus aletas no habían crecido lo suficiente para poder nadar. Sin rumbo, anduvo todo el resto del día deambulando... y cuando llegó la noche se refugió asustado.
Al día siguiente se despertó y con muchas esperanzas llamó a su mamá, pero no obtuvo ninguna respuesta. Gritó el nombre de su padre... pero tampoco respondió.
Estaba en una cueva oscura, perdido y sin comida. Con un poco de agua sobre él, se sacudió de inmediato y empezó a recorrer el área, y entonces se dio cuenta de que estaba completamente solo en la Antártida, muy lejos de su casa.
Pablo empezó a llorar porque extrañaba a sus vecinos, su familia y sus amigos incondicionales. Estaba muy nervioso en ese momento, pero de pronto escuchó un ruido "crick, crick"... se asustó, pero lo tranquilizó saber que al menos había alguien más en el lugar.
No sabía si era su familia o un animal que lo comería, pero al instante apareció un oso polar gigantesco que le dijo:
-No temas, mi nombre es Rodrigo, ¿y el tuyo?
-Soy Pablo.
-¿Puedo saber que haces aquí en la Antártida? Porque sino me equivoco tu forma de caminar me dice que eres de la Patagonia... y allí no hace tanto frío como aquí.
-Te cuento mi historia: mi hogar fue destruido por una fuerte tormenta y mi familia me dijo que viniéramos acá hasta que pasara el peligro.
-Ah... ahora entiendo, pero no veo a tus padres.
-En el viaje una ola nos separó y aquí estoy... solo en este lugar desconocido. ¿Vos estás con tu familia?
-Sí, estoy con mis padres, acompáñame y te muestro todo este hermoso paisaje antártico.
En su recorrido los dos se pusieron a jugar sin parar. Después de un largo rato, la mamá de Rodrigo lo llamó:
-¡Rodrigo! Vení a comer.
-Ya vamos.
-¿Cómo que "ya vamos "?
-Es que me encontré con un pingüino llamado Pablo y estamos muy entusiasmados compartiendo historias y relatos.
-Ah! ¡Fantástico! ¡Entonces vengan los dos!
Pablo y su amigo, el oso polar, fueron a comer, y Rodrigo le presentó a sus padres:
Roxana y Roberto. Después de llenarse la pancita de ricos peces se fueron a charlar, y su nuevo amigo le dijo que lo ayudaría a encontrar a su familia.
Pasaron varios días de búsqueda sin descanso, pero no encontraron nada... ningún resto de los pingüinos. Pero una tarde, mientras buscaban bajo cada amontonamiento de nieve...Rodrigo encontró un papelito que estaba dirigido a Pablo y que decía:

Pablo:
Ojala este mensaje llegue a tus alitas... Te escribimos esta carta para que sepas que estamos bien pero nos haces mucha falta... te extrañarnos mucho. Nos encontramos al norte de la Antártida... ven a buscarnos, te estaremos esperando, para partir de regreso hacia nuestra amada Patagonia.
Un beso y un abrazo,
Tu pueblo, tus amigos y tu familia.

El pequeño pingüinito decidió que iría a buscar a los suyos, y enseguida Rodrigo se ofreció a acompañarlo para que no viajara solo cruzando hielos que no conocía.
A la mañana siguiente se marcharon con una mochilita, preparada por Roxana, que contenía todo lo necesario para el viaje.
En un descanso, Pablo soñó los momentos felices de su vida antes de la tormenta, y esos buenos recuerdos lo motivaron para seguir adelante.
Después de una larga y peligrosa travesía de cuatro semanas, encontró a su familia. En el reencuentro, sus papás le agradecieron infinitamente a Rodrigo haber acompañado a su hijo.
Todos los pingüinos regresaron felices y unidos a la Patagonia, pero prometieron volver a la Antártida en las próximas vacaciones...
Mientras tanto, Pablo y su amigo Rodrigo intercambian mensajes y saludos en barquitos de papel que cruzan los lagos helados... y aunque muchos animalitos piensan que es una amistad tal vez un poco fuera de lo común... los dos están convencidos de que nunca dejarán de extrañarse..
FIN
(Uno de los cuentos ganadores del concurso "Antartida...un sentimiento" hecho por Joaquin Cerrutti)

12.2.09

OTRO CUENTO DE CENICIENTA

Nuestro Cuento
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10.2.09

LA BUSQUEDA DE LA VERDAD. FABULA

Cuenta una antigua fábula que había tres ancianos, sabios y ciegos, que buscaban al sagrado elefante blanco, considerado la verdad absoluta.
Tras peregrinar por muchas ciudades, lo encontraron en un humilde poblado. Percibieron su presencia y se abalanzaron sobre él. Uno de los ancianos se colgó de la trompa, otro se abrazó a una de las piernas y el tercero se aferró a una de sus orejas. Cada uno de ellos experimentó sensaciones y emociones diferentes.
Cuando regresaron a su hogar discutieron acerca de la verdad. El de la trompa dijo que la verdad es larga, rugosa y flexible; el de la pierna dijo que la verdad es dura, firme y maciza; y el de la oreja dijo que la verdad es delgada, amplia y oscilante.
Los sabios no lograron ponerse de acuerdo y cada uno fue por su camino, comunicando su verdad y predicándola con honestidad, creando tres grandes religiones que se expandieron rápidamente. Los tres sabios habían encontrado la verdad, pero como no percibieron su amplitud, sino que experimentaron sólo una parte de ella, difundieron separadamente las distintas partes de la verdad como si fueran por sí solas el todo.
Aunque sinceros en su búsqueda y en su servicio, su limitación mental les hizo errar.
¿CUAL ES EL MENSAJE DE ESTA FÁBULA?
-
Muchos individuos, al igual que los 3 ancianos, buscan algo.
- Aunque nos moleste aceptarlo, el ser humano parte hacia esa sagrada búsqueda con la ceguera evidente y profunda de su propia ignorancia.
- No podemos coger a Dios y encerrarlo en un libro. Tener una profunda experiencia con lo divino no es englobar todo su contenido.
- No se puede limitar lo ilimitado.

26.10.08

La Pequeña Mandarina


Había una vez, en la vieja China de los mandarines, un gran señor rico y poderoso. ¡Era el Mandarin! Vivía en lo alto de una montaña en su palacio de bambú y desde allí veía todas sus tierras.

El Mandarín era grande y gordo, igual que su corazón: en él cabían todos los seres. Su esposa la mandarina era muy diferente: pequeña y hermosa, pero en su corazón sólo había sitio para ella.

El Mandarin quería mucho a su esposa y no veía lo pequeño que era su corazón, deslumbrado por su hermosa cara. Todas las tardes, paseaban por el huerto que rodeaba el palacio, lleno de naranjos, y cogían las naranjas más bonitas para merendar.

Una mañana, estaba la bella Mandarina paseando sola entre los árboles, cuando vio, junto a una tapia, a un mendigo que la miraba. (Pero no era un mendigo: era un mago disfrazado, que había oído hablar de la Mandarina y quería comprobar si era verdad lo que se decía).

Sin acercarse mucho, ella le dijo:

-¡Vete de mi jardín, o llamaré al Mandarin para que te eche!

-Bella Mandarina, tengo sed. Dame una de tus naranjas, por favor- le suplico el mendigo.

-¡Ni hablar! Mis naranjas son muy hermosas y tú sólo eres un viejo feo y sucio- contestó la Mandarina.

El mendigo le insistió: - Tu tienes muchas y sólo te pido una, aunque sea la más pequeña. Pero la Mandarina se negó y empezó a llamar a gritos al Mandarín.

Entonces, el mendigo se transformó en mago y, con su varita mágica sen la mano, le dijo:

- Para que aprendas a ser generosa, te convertiré en árbol y darás sabrosos frutos a cuantos pasen por el camino. Tu corazón se hará más grande y todos te querrán. Y la convirtió en un árbol pequeño lleno de naranjitas.

Cuando llegó el Mandarín, no encontraba a su esposa, la Bella Mandarina. Y pasó horas buscándola entre los árboles. Al caer la tarde, cansado y triste, encontró el nuevo árbol y pensó: “¿Qué hace este arbolito entre mis naranjos? ¿Y por qué sus naranjas son tan pequeñitas?

Cogió una fruta, la probó y su sabor dulce le recordó a su esposa. Desde entonces, cada tarde, paseaba hasta el arbolito, siempre cargado de frutas, y merendaba una de ellas, a las que llamó mandarinas en honor a su esposa, la bella Mandarina.

¡Y, aunque no os lo creáis, esto no es un cuento chino!