10.8.07

Arrullo



El sueño que aletea sobre los párpados del niño: -¿Quién me dirá de dónde vino?

-Yo. Me cuentan, me han contado, que el sueño vive en la lejanía, en la aldea azul de las hadas: allí; a la sombra de la floresta que alumbran las luciérnagas con su tierno relámpago diminuto, se inclinan dos flores encantadas, parecidas a los ojos del niño, entre su aroma. Y es de allá de donde viene el sueño a cerrar con su beso los párpados del niño.


La sonrisa que aletea, como un tenue centelleo, sobre los labios del niño cuando duerme: -¿Quién me dirá en dónde nació?

-Yo. Me cuentan, me contaron, que la mano de la luna nueva, rozó el borde de una nube de otoño y allí, soñada por la mañana húmeda de rocío, una sonrisa nació: la sonrisa que, parecida al brillo de una lámpara bajo el agua, palpita en los labios del niño cuando duerme.


¿Y esa tibia frescura que en la piel del niño recuerda, a un tiempo, al trigo y a la rosa, antes en dónde se escondía?

-Envolvía en un silencioso y amoroso misterio el corazón de la madre cuando era una doncella con el corazón lleno de sueños y de música: esa frescura que se extiende por el cuerpo del niño como una débil onda tibia.



Escrito por Rabindranath Tagore
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4.8.07

GANATE UNA REFLEX NIKON D40


¿A quién no le hace falta tener una cosita como esta? Los que estamos metidos en esto del blogueo siempre nos vemos en problemas a la hora de realizar una buena toma sobre algo que queremos comentar.

Aqui hay un refrán que cita:"Tocar la puerta no significa entrar", pero se hace el intento y por eso nosotros también participamos en este concurso

Participar es muy simple: Solo hay que tener un blog (o foro, o lo que sea) y hacer una mención a este concurso, a NeoTeo , y a DigitalToyShop. Colocando un enlace en cada caso. ¿Como? Muy fácil Hay que escribir algo como:

“Digitaltoyshop.com (accesorios para cámaras digitales) y NeoTeo.com (revista gratis sobre tecnología) realizan un concurso con el cual el ganador se lleva una cámara Nikon D40 con Objetivo 18-55mm, participar es muy fácil, solo hay que comentar este concurso en tu Blog. Si tienes uno ¡participa ahora!”

Es importante que el enlace a DigitalToyShop diga “accesorios para cámaras digitales” y que el enlace a NeoTeo diga “Revista gratis sobre tecnología”, y también que el enlace al post de NeoTeo sobre este concurso diga “Nikon D40”

Hay tiempo hasta el 30 de septiembre, la primera semana de Octubre daremos el ganador (lo sortearemos entre todos los participantes).

Puedes participar cualquiera sea el país o idioma de tu Blog.

Una vez colocada la mención debes avisarnos colocando un comentario en el post, o mediante la página de contacto
SUERTE!!!

26.7.07

El CuentaCuentos.


Erase una vez un cuentacuentos.

Su capacidad para inventar historias parecía infinita y tanto los grandes como los chicos le admiraban.

Se decía que jugaba con las mariposas de abril y cantaba al alba, con los loros. Que bailaba en las tardes y contemplaba largamente la pálida cara de la luna. Contaban los mayores que de niño había sido tocado por las hadas y cuando corría por los bosques, las criaturas nunca lo lastimaban.

Era un ser de gran belleza y linda presencia. Su sonrisa parecía la de mil luceros y sus ojos eran como la luz en medio de las noches con neblina. Su voz era como la tierra recién regada por la lluvia y el olor de los guayabales.

Su consejo servía de apoyo a muchos que no sentían que pudieran merecer la atención de los grandes sabios. Su respeto le hacía merecedor de consejos de los mayores. Los cuentos que ellos le contaban, él los atesoraba con amor y los convertía en miles de luciérnagas en las noches, mientras le contaba de su vida a la luna. Dicen que las estrellas le soplaban al oído sus historias.

Un día se instaló a contar un cuento en la plaza y no le salían las palabras. Se dió cuenta que no podía narrar ese cuento: no sería creíble para nadie. En su cara no habría la cantidad de certeza en que esa historia podría ser real, para poder narrarla y ser creída por todos.

Silenció su voz y cerró sus ojos. Pidió disculpas y se retiró. Todos quedaron boquiabiertos.

Por noches y días no pudo mirar a la luna. Se sentía avergonzado. Se creía soberbio y pensaba que su imaginación era sobrepasada por su ego y su deseo de ser reconocido siempre. Dejó de escuchar a las estrellas y las mariposas, las criaturas y la luna. Perdió todos sus cuentos y sus palabras.

Empezó a vagar más y más hacia las montañas. Un día tuvo la sensación, al despertar de un sueño, de que si encontraba a alguien que hubiera vivido esa historia, sería capaz de tener la credibilidad suficiente en su cara como para poder hacer que el público la creyera. Así que emprendió el camino. Se despidió de todos y, con la bendición de algunos y el desprecio de otros, se fue a buscar su propia certitud.

En cada parada, cada noche, hacía una reflexión sobre lo que había vivido, sobre lo que había sorteado y lo que la vida le había regalado. Pasaron muchas lunas y no encontraba nada como esta historia que él soñaba, ahora con más insistencia.

Años pasaron y llegó a una casita minúsucula donde pidió algo de comer o un refugio para pasar la noche. Los que allí vivían, un muchacho y su joven esposa, lo albergaron y le dieron de lo poco que tenían para comer. Y en silencio, logró palpar lo que aquellos dos seres se profesaban. Con los ojos se contaban todo su amor. Con sus manos tejían la dicha que los embargaba al saberse acompañados por aquel otro que los complementaba. Sus sueños, pensaban ellos, siempre que se apoyaran mutuamente podrían lograrlos. Eran jóvenes. Eran inexpertos. Eran infinitos. Eso era lo que él necesitaba. Allí estaba la prueba de que su cuento sí era real, sí era posible, sí existía.

Allí entendió que las estrellas, como siempre, se lo habían soplado en sueños y que ellas lo habían visto suceder muchas veces, en muchas partes. Esta era sólo una de esas. Se sintió avergonzado por dudar de la sabiduría de las estrellas y salió a contarle a la luna, atropelladamente, su ansia y su agradecimiento por su sabiduría infinita. Ella le sonrió, plena y blanca, tan baja que casi se la podía tocar.

El cuentacuentos regresó. Directo a la plaza se dirigió. Los niños corrieron a ver al forastero y los adultos se sentaron a escucharlo, como cuando eran niños. El, con los ojos brillantes como la luz que brilla en medio de las nieblas nocturnas y su voz de tierra mojada por la lluvia contaba la historia con la misma rapidez con la que la tierra cuelga los frutos de los guayabales.

El pueblo entero, mudo, lo escuchaba. Al final, se hizo un silencio sobrecogedor.

Y se escucho al cuentacuentos decir "y es que, por increible que parezca, el mundo es más vasto de lo que nuestros ojos ven y nuestras mentes entienden... y esto es absolutamente cierto!"



Escrito por Mafalda, en VeoVeo.blogspot

17.7.07

La bondad de la Xtabay



Los mayas de Yucatán son sin duda alguna, quienes mejor han conservado su idioma. Si no pueden interpretar, como tampoco lo ha hecho nadie en el mundo, sus complicados jeroglíficos, verdaderos retos ideográficos, si mantienen vivo su idioma lleno de firos y genuflexiones extraordinarios y en su fonética han sabido copiar el vuelo del murciélago dzib y lo que dice el pájaro Puhuy. Temen al temible Kahazbal y a los Aluxes, pequeños duendecillos del bosque y de las siembras, porque ellos, los mayas, no han permitido aún la corrupción idiomática que introdujeron los hispanos que vinieron a hacer confuso todo lo relativo al suelo que en mal día hollaron.

De esta forma se ha conservado intacta la hermosa leyenda, una de las más lindas, bellas leyendas yucatecas de las miles y miles que flotan como el perfume de la flor Xtabentún en el viento tibio de Mayab, o se esconden en las profundidades cavernosas de los cenotes de donde sale el agua fresca y clara y los cuentos que perduran en el alma yucateca. Esa leyenda es la que se refiere a la mujer Xtabay.

Bajo la luna del antiguo Mayapan, al socaire de los asombrosos templos de los itzaes, he oído repetida esta leyenda sin que nadie le quite o le aumente a su albedrío, sin que ninguno ose deformarla y así, como joya de milagrería se conserva para deleite de quien oye o de quien lee esta historia que como muchas no se ha borrado, no se borrará jamás, porque ha quedado inscrita en los libros antiguos y en las páginas sagradas del recuerdo Maya.

Dice pues la leyenda que la mujer tabay es la mujer hermosa, inmensamente bella que suele agradar al viajero que por las noches se aventura en los caminos del Mayab. Sentada al pie de la más frondosa ceiba del bosque, lo atraé con cánticos, con frases dulces de amor, lo seduce, lo embruja y cruelmente lo destruye.

Los cuerpos destrozados de esos incautos enamorados aparecen al día siguiente con las más horribles huellas de rasguños, de mordidas y con el pecho abierto por uñas como garras.

Muchos ladinos, gentes que desconocen el origen verdadero de la mujer Xtabay, han dicho que es hija del Ceibam que nace de sus torcidas y serpentinas raíces pero eso no es verdad, la auténtica tradición maya dice que la mujer Xtabay nace de una planta espinosa, punzadora y mala y si es que la Xtabay aparece junto a las ceibas, es porque este árbol es sagrado para los hijos de la tierra del faisán y del venado y muchas veces en cobijo y sombra, se acogen bajo sus ramas, confiados en la protección de tan bello y útil árbol.

Vivían en un cierto pueblo de la península yucateca dos mujeres siendo el nombre de una de ellas Xkeban o mejor decir su apodo ya que Xkeban quiere decir prostituta, mujer mala o dada al amor ilícito. Decían que la Xkeban estaba enferma de amor y de pasión y que todo su afán era prodigar su cuerpo y su belleza que eran prodigiosos, a cuanto mancebo se lo solicitaba. Su verdadero nombre era Xtabay.

Muy cerca de la casa que ocupaba esta bellísima mujer, habitaba en otra casa bien hecha, limpia y arreglada continuamente, la consentida del pueblo que llamaban Utz-Colel, que en la traducción hispana sería mujer buena, mujer decente y limpia. Erase esta mujer la Utz-Colel, virtuosa y recta, honesta a carta cabal y jamás había cometido ningun dezlis ni el mínimo pecado amoroso.

La Xtabay tenía un corazón tan grande, como su belleza y su bondad la hacía socorrer a los humildes, amparar al necesitado, curar al enfermo y recoger a los animales que abandonaban por inútiles. Su grandeza de alma la llevaba hasta poblados lejanos a donde llegaba para auxiliar al enfermo y se despojaba de las joyas que le daban sus enamorados y hasta de sus finas vestiduras para cubrir la desnudez de los desheredados.

Jamás levantaba la cabeza en son altivo, nunca murmuró ni criticó a nadie y con absoluta humildad soportaba los insultos y humillaciones de las gentes.

En cambio bajo las ropas de la Ut-Colel se dibujaba la piel dañina de las serpientes, era fría, orgullosa, dura de corazón y nunca jamás socorría al enfermo y sentía repugnancia por el pobre.

Y ocurrió que un día las gentes odiosas del pueblo no vieron salir de su casa a la Xkeban y supusieron que andaba por los pueblos ofreciendo su cuerpo y sus pasiones indignas. Se contentaron de poder descansar de su ignominiosa presencia, pero transcurrieron días y más días y de pronto por todo el pueblo se esparció un fino aroma de flores, un perfume delicado y exquisito que lo invadía todo. Nadie se explicaba de dónde emanaba tan precioso aroma y así, buscando, fueron a dar a la casa de la Xteban a la que hallaron muerta, abandonada, sola.

Más lo extraordinario era que si la Xkeban no estaba acompañada de personas, varios animales cuidaban de su cuerpo del que brotaba aquel perfume que envolvía al pueblo.

Entrada la Utz-Colel dijo que esa era una vil mentira, ya que de un cuerpo corrupto y vil como el de la Xkeban, no podía emanar sino podredumbre y pestilencia, más que si tal cosa era como todos los vecinos, decían, debía ser cosa de los malos espíritus, del dios del mal que así continuaba provocando a los hombres.

Agregó la Utz-Colel que si de mujer tan mala y perversa escapaba en tal caso ese perfume, cuando ella muriera el perfume que escaparía de su cuerpo sería mucho más aromático y exquisito.

Más por compasión, por lástima y por su deber social, un grupo de gentes del poblado fue a enterrar a la Xkeban y cuéntase que el día siguiente, su tumba estaba cubierta de flores aromáticas y hermosas, tan tapizado estaba el túmulo que parecía como si una cascada de olorosas florecillas hasta entonces desconocidas en el Mayab, hubiera caído del cielo. La tumba de la Xkeban duró todo el tiempo florecida y olorosa.

Poco después murió la Utz-Colel y a su entierro acudió todo el pueblo que siempre había ponderado sus virtudes, su honestidad, su recogimiento y cantando y gritando que habia muerto virgen y pura, la enterraron con muchos lloros y mucha pena.

Entonces recordaron lo que había dicho en vida acerca de que al morir, su cadáver debería exhalar un perfume mucho mejor que el de la Xkeban, pero para asombro de todas las gentes que la creían buena y recta, comprobaron que a poco de enterrada comenzó a escapar de la tierra floja, todavía, un hedor insoportable, el olor nausabundo a cadáver putrefacto. Toda la gente se retiró asombrada.

Pasado el tiempo la gente reflexionó; “los pecados de Xtabay habían sido de amor, se entregaba por un impulso generoso y natural, por eso ocurrió algo bueno después de muerta. Utz-Colel pidió ayuda de los espíritus malignos para regresar al mundo cada vez que quisiera convertida en mujer para enamorar con un amor nefasto porque la dureza de su corazón no conoce otro.

En su idioma maya dicen los viejos que aún cuentan la historia con todos los detalles que debió ocurrir en la leyenda, que hoy la florecilla que naciera en la tumba de la pecadora Xkeban, es la actual flor Xtabentún que es una florecilla tan humilde y bella, que se da en forma silvestre en las cercas y caminos, entre las hojas buidas y tersas del agave. El jugo de esa florecilla embriaga muy agradablemente, como debió ser el amor embriagador y dulce de la Xkeban.

Tzacam, que es el nombre del cactus erizado de espinas y de mal olor por ambas cosas, intocable, es la flor que nació sobre la tumba de la Utz-Colel, es la florecilla si bien hermosa sin aroma alguna y a veces de olor desagradable, como era el carácter y la falsa virtud de la Utz-Colel.

Esto es lo que ha dicho el maya y lo sigue repitiendo a través del tiempo, sin cambiarlo, sin ponerle ni quitarle, como deben conservarse las cosas nuestras, intactas, con las mismas palabras con que nacieron en el mito, en la leyenda, en el alma de quienes tan dulcemente han tejido estas historias.

No es pues la Xtabay, la mujer mal que destruye a los hombres después de atraerlos con engaños al pie de las frondosas ceibas, pero puede ser otro de esos malos espíritus que rondan por la selva al acecho del peregrino que cruza los caminos aún poblados de superstición y de leyenda.

Puede ser el ama errante de una de tantas vírgenes sacrificadas a la orilla del cenote sagrado, puede ser la vaporosa figura de una mujer que llora el engaño del amado.

Pero la Xtabay, jamás.

Esto dicen las mayas, esto han contado y seguirán contando los hombres de esa tierra en donde conservan el ritual de un relato y defienden sus costumbres de una intromisión que aniquilo su cultura.


En nuestros blogs encuentras mas relatos complementarios a la leyenda de la xtabay.
La Mujer del Xtabay
Conversacion con Xtabay